La ricota es uno de esos ingredientes que tenés en la heladera y no sabés bien qué hacer con ella, más allá de la tarta o el relleno de siempre. Hoy te muestro cuatro formas completamente distintas de usarla — pasta cremosa, albóndigas, canelones y ñoquis — todas fáciles, todas riquísimas, y todas con ese toque especial que le da la ricota cuando la usas bien.
Lo que me encanta de cocinar con ricota es lo versátil que es. Dependiendo de si la usás húmeda o bien seca, cremosa o desmenuzada, se comporta de manera completamente distinta en cada preparación. Por eso en este video usé ricotas distintas para cada receta — y los resultados hablan solos.
1. Pasta cremosa de ricota
Empecemos por la más rápida de todas. Esta pasta no tiene salsa en el sentido tradicional — la ricota, el queso y la crema se mezclan en frío y la pasta caliente, con un poco de su agua de cocción, hace todo el trabajo. El resultado es algo increíblemente cremoso que se hace en el tiempo que tarda en hervir el agua.
Ingredientes (2 porciones)
- 320 g de pasta (la que tengas)
- 350 g de ricota
- 70 g de parmesano u otro queso duro rallado
- 70 g de crema de leche
- Sal, pimienta y tomillo fresco (opcional)

En un bol mezclás la ricota con el queso rallado y la crema. Sal, pimienta, y si tenés tomillo fresco le va de maravilla. Cocinás la pasta al dente, la escurrís guardando un cucharón del agua de cocción, y la volcás directamente en el bol con la mezcla. Revolvés bien agregando el agua de cocción de a poco hasta que quede bien cremoso y amalgamado. Sin fuego, sin salsa, sin vuelta.

El aroma que tiene esto recién hecho es una locura. Y lo mejor: no hace falta agregarle nada más. Como está, está buenísima.
2. Albóndigas de ricota y atún
Esta me sorprendió. Nunca había pensado en combinar ricota con atún, y resulta que juntos hacen algo increíble. Las albóndigas quedan suaves por dentro, con una corteza dorada y crocante, y tienen una profundidad de sabor que viene del atún y el queso juntos. Las podés freír o hacer al horno — las dos versiones quedan buenísimas.
Ingredientes
- 300 g de ricota (bien escurrida, al menos 30 min)
- 230 g de atún en lata escurrido
- 50 g de parmesano u otro queso duro rallado
- 20 g de anchoas
- 50 g de pan rallado (más para rebozar)
- Perejil picado a gusto
- 2 huevos
- Pimienta (sin sal — el atún, las anchoas y el queso ya salan suficiente)

Mezclás todo en un bol con tenedor hasta que quede bien unido. Si quedó muy húmedo sumás más pan rallado; si quedó muy seco, un chorrito de leche. Con las manos apenas humedecidas formás las bolitas y las pasás por pan rallado. Antes de freírlas o llevarlas al horno, guardalas 15 minutos en la heladera — eso ayuda a que mantengan la forma.

Para freírlas: aceite bien caliente, dorarlas de los dos lados y escurrirlas en papel de cocina. Para hornearlas: horno a 180-200° hasta que estén doradas, dándoles vuelta a mitad de cocción. Honestamente las dos versiones quedan geniales — si estás en modo cuidarte, las hechas al horno son una opción perfecta.

3. Canelones de ricota con salsa blanca de suero
Esta receta tiene un detalle que la hace especial: la salsa blanca está hecha con el suero que sobra de hacer ricota casera. Si hacés tu propia ricota, el suero es oro — no lo tires nunca. Acá lo usamos como base de la bechamel y el resultado es una salsa con más cuerpo y sabor que la versión con leche común.
Ingredientes
- Ricota cremosa (la cantidad que tengas, aprox 400 g)
- Mozzarella fresca
- Jamón cocido
- Panqueques o láminas de pasta para canelones
- Salsa blanca (hecha con 1 litro de suero de ricota)
- Provolone napoletano u otro queso fuerte para gratinar
- Sal a gusto

El relleno es simple: mezclás la ricota con la mozzarella desmenuzada a mano y el jamón roto en pedazos. Sin medidas exactas — cocinás a ojo, como cuando uno cocina de verdad en el día a día. Probás y ajustás la sal. Armás los canelones, los ponés en una fuente con un poco de aceite en el fondo, los bañás bien con la salsa blanca de suero, más mozzarella arriba y el provolone rallado para gratinar. Al horno hasta que burbujee y quede doradito.

Estos canelones son de esas preparaciones que parecen mucho trabajo y en realidad no son nada. La clave está en no complicarse con el relleno — ricota, mozzarella, jamón, punto.
4. Ñoquis de ricota
Los ñoquis de ricota son mi favorita de este video. Son más livianos que los de papa, se hacen más rápido, y tienen una suavidad que no se consigue de otra manera. El secreto está en usar una ricota bien seca — si tiene demasiada humedad, la masa te pide más harina y los ñoquis terminan quedando gomosos. Escurrila bien antes de arrancar.
Ingredientes
- 500 g de ricota bien seca
- 250 g de harina común (0000)
- 50 g de parmesano u otro queso duro rallado
- 2 huevos
- Sal a gusto

Desmenuzás la ricota en un bol para que quede suelta, agregás el queso rallado y lo mezclás un poco. Sumás la harina, la sal y los huevos. Mezclás hasta que sea manejable y después pasás a la mesada a terminar de unir con las manos — sin amasar de más, solo lo justo para que quede una masa lisa. Si la ricota estaba muy seca y la masa no se une, un chorrito de agua alcanza. Dejás descansar 20 minutos tapada.

Formás los ñoquis como más te guste — clásicos con tenedor, cilindros cortados, o bolitas simples como hacemos acá. No hay una forma única correcta. Los cocinás en agua hirviendo con sal — cuando suben a la superficie ya están listos. Los sacás con espumadera y los ponés en un bol con un poco de manteca que se va derritiendo con el calor.


Con manteca y queso rallado son una delicia. Pero también van bárbaro con un estofado, una salsa de tomate simple, o pesto. Son de esos platos que una vez que los hacés en casa no querés volver a los de paquete.


Tips generales para cocinar con ricota
- La humedad importa: para ñoquis y albóndigas necesitás ricota seca. Para pasta cremosa y rellenos, una ricota más suave y cremosa funciona mejor. Escurrila sobre un colador fino 30 minutos si hace falta.
- El suero no se tira: si hacés ricota casera, guardá todo el suero. Sirve para hacer salsa blanca, para cocinar arroz o pasta, para panes y masas. Tiene proteínas, sabor y cuerpo.
- Cuidado con la sal: la ricota es suave pero muchos ingredientes que la acompañan (atún, anchoas, queso, jamón) ya son salados. Probá siempre antes de agregar más sal.
- La ricota casera cambia todo: si todavía no la probaste hacer en casa, busca en mi blog o canal de youtube como hacerla. La diferencia con la comprada es notable.
- Para los ñoquis: menos harina es mejor. Usá solo lo necesario para que la masa se maneje — cuanta más harina, más densos quedan.
¿Cuál te gusta más para empezar? Dejame un comentario, y si ya hiciste alguna contame como te quedó.

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